¿El ocaso de los ídolos?: Sobre los ídolos que inventó el capitalismo y derroca el feminismo.

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¿El ocaso de los ídolos?: Sobre los ídolos que inventó el capitalismo y derroca el feminismo.

Por Jacqui Casais

“Cuando el machismo y el racismo haya pasado de moda, ¿Cuánto valdrá tu colección?”

Guerrilla Girls

 

 

Desde las denuncias por abusos y violación a Cristian Aldana (El otro yo) y Miguel del Pópolo (La Ola) se empezaron a cuestionar y al fin condenar los viejos estereotipos de rock.

El hecho de que las denuncias se hayan producido dentro del marco de la escena del rock y no de otro género, no es casual y tiene que ver con la historia invisibilizada del rol de las mujeres artistas como rompedoras de estereotipos y sus aportes feministas:

A finales de los sesenta en el marco de la segunda ola del feminismo Janis Joplin se destacó como una de las figuras más importantes del multitudinario movimiento hippie. En los setenta, Patti Smith emerge dentro movimiento punk con una imagen andrógina y sin culpa: “Jesús murió por los pecados de alguien, pero no por los míos”.  También podemos nombrar a Debby Harry como una mujer al frente de una banda (Blondie) aportando a la visibilidad femenina en la música y a las Runaways la banda integrada por Joan Jett, una de las primeras bandas de mujeres.

Luego las Riot Grrrl de los noventa, en el marco de la tercera ola del feminismo (En Argentina las referentas del movimiento fueron las She-Devils quienes hicieron fanzines como Resistencia y Drag). Este movimiento nace en EEUU donde bandas formadas por mujeres manifestaban su derecho a expresarse con letras contra la violencia machista, los abusos y violaciones. Exigiendo un lugar en la escena del rock en el marco de mucha violencia ya el público a menudo las insultaban y hasta golpeaban. El movimiento Riot aportó no solo la cuota feminista al rock sino también la mirada anticapitalista desde la autogestión (do it yourself).

Esta historia del rock hecha por mujeres contribuyó a formar una perspectiva feminista. Hoy gracias a la valentía y empoderamiento de las primeras denunciantes en nuestro país se fueron animando a denunciar cada vez más mujeres abusos que estaban naturalizados en la escena. Este empoderamiento es un logro del avance del feminismo, que llevó muchos años de deconstrucción cultural. Hoy vemos sus frutos y nos da fuerza para seguir luchando contra el patriarcado, pero también tenemos que ocuparnos de seguir sembrándolos.

“El feminismo eficaz tiene que luchar contra la homofobia, la explotación de clase, raza, género y especie”

Angela Davis

En esta cuarta ola del feminismo que estamos atravesando, en nuestra región y en nuestro país con la vuelta del neoliberalismo,  parece ser que no alcanza con ocupar espacios que históricamente fueron asignados a los cis varones, sino crear los propios, los nuestros, inventar nuestra manera de hacer las cosas, para no reproducir estas conductas, para romper con los conceptos patriarcales y capitalistas, con lo vertical y falocéntrico,  con la figura de rockstar que encontramos en músicos, escritores, fotógrafos, artistas visuales etc.

Este estereotipo de “artista”  es a las mujeres lo que  el patrón o el empresariado es lxs  trabajadorxs: no son una figura para admirar, no hay solo suerte en su vida y menos ingenuidad en su discurso. Hay privilegios y poder, porque sabemos que ese tipo de “artista” es un producto que tiene atrás un aparato que lo sostiene con el fin de bajar una línea concreta, como por ejemplo, invisibilizar los cuerpos feminizados y a las masculinidades disidentes y promover la violencia hacia nosotras, lavar y hacer de fácil digestión las ideas feministas y principalmente dejar al arte en manos de un sector privilegiado y dejarle al sector popular la etiqueta de marginal.

Hay una industria del arte que está en desarrollo y que nos sigue excluyendo. En la cultura independiente hay una cuestión clasista, no todxs tenemos las mismas posibilidades económicas, la mayoría de lxs artistas tenemos que dividir el tiempo entre trabajar y producir nuestra obra.

El hecho de que defendamos el arte independiente y autogestivo no significa que le saquemos responsabilidades al Estado. Mientras vivamos en este sistema sabemos que el Estado solamente va a estar dispuesto a subsidiar al arte que le parece que “esta bien” y a veces a cualquiera que simplemente tenga ganas y tiempo de presentarse al subsidio o quienes contratan a personas que los hagan. No solo es nuestro derecho pedir subsidios que nos ponen en horrible competencia con otrxs artistas, sino también es un derecho conocer las herramientas para emanciparnos y organizarnos, y debemos exigir que el Estado nos asegure espacios accesibles y en condiciones para poder trabajar y que todxs podamos elegir con libertad sobre nuestros “consumos” culturales.

El  Estado también tiene que ocuparse de que el arte no sea solo patrimonio de unxs pocxs y eso tenemos que tenerlo siempre en cuenta. En especial los Centros Culturales y artistas que reciben apoyo económico  del sector público, cuando le ponen precio excesivo la barra y a entradas no están al alcance de trabajadorxs ni estudiantes. ¿Cuál es el público que esta nueva industria de la cultura subsidiada quiere crear?

Que el arte independiente esté, al igual que el mainstream, sostenido y creado por un sector privilegiado es perpetuar al patriarcado y su verticalidad. Atrás de cualquier obra siempre hay más de un actor en juego, gracias a ese respaldo las cosas siempre salen mejor si hay unx expertx ocupándose de cada cuestión. Pero no siempre eso es posible, y saber hacerlo nos empodera y colaboramos con deconstruir este estereotipo de “ídolo” o de artista burgués que cayó del cielo. También ayudar a otrxs artistas como comunidad nos empodera. No significa que todxs tenemos que saber hacer todo, pero si significa que salgamos del lugar pasivo, y nos unamos, porque quieres quieren que el liberalismo avance, quieren que retrocedan nuestros derechos individuales de crear en libertad y en condiciones dignas.

 

 

 

Jacqui Casais: Es feminista, música y poeta. Es cantante, guitarrista y compositora en Megafauna con quienes organiza desde 2015 el festival de música independiente Festi Indiana. Coordina y escribe en Ni groupies ni musas, fanzine y plataforma de investigación sobre arte y feminismo nigroupiesnimusas.wordpress.com. Participó en la antología poética El Rayo Verde (Viajero Insomne, 2014). Editó de manera independiente su plaqueta de poemas Pop dramático, los fanzines La hiedra Zine y Ni groupies ni musas. En 2015 compiló Nunca seré poesía (Ed.El Gourmet Musical). En 2016 editó su libro de poemas Me tengo harta (Ed. Piloto de Tomenta). Coordina el ciclo de poesía Fanática de los boliches en Fiesta Jolie y el taller de poesía con perpectiva feminista “Ni groupies ni musas!” en Feliza.

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